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miércoles, 13 de enero de 2010

La Concesión de Castillogrande


Hace más de un mes expuse en este mismo sitio las razones por las que estoy convencido de que la política de privatización, mediante concesiones, de las playas de Cartagena es altamente perjudicial para sus habitantes.

Como consecuencia, quizás, de lo dicho por mí, salieron casi de inmediato escritos de todo orden celebrando la política de concesiones como si fuera la salvación del turismo y de los cartageneros.
Yo guardé prudente silencio, porque sabía que el desarrollo de los acontecimientos me daría la razón. Como en efecto sucedió. Leo el sábado y el domingo pasados noticias, artículos y editoriales acerca de la indignación de los habitantes de Castillogrande ante la inminente entrega en concesión de casi 8 cuadras de playa, arrancando cerca del hospital.
Los habitantes del barrio, con toda razón, se oponen a lo que intuyen que puede pasar: que el interés privado prime sobre el público, de modo que, sin consideración con los vecinos, los dueños de la concesión desarrollen en ella toda clase de negocios con música, ron y guachafita corrida. Lo increíble es que con un cierto tufillo clasista algunos todavía consideran que lo que está mal para Castillogrande podría estar bien para los de la zona norte.
Porque el punto aquí es que la zona norte que conocemos es, sin embargo, también residencial o está proyectada a serlo. ¿No lo son acaso Marbella, Crespo, la Boquilla y todo lo que sigue del anillo vial, hasta Barcelona de Indias y más allá?
La Boquilla y Manzanillo merecen consideración aparte. Creo que algunos de los que creen que no debe hacerse en Castillogrande, pero si en la zona norte, quizás, sin proponérselo, parten del sentimiento de que quienes habitan estos viejos caseríos son menos ciudadanos que ellos. Pero resulta que en la Boquilla y Manzanillo viven personas desde tiempos antiquísimos, desde antes de que, con las complicidades de las autoridades locales, se les expulsara de sus viviendas, como en efecto se está haciendo de la manera “más pacífica” del mundo.
De modo que vamos avanzando en el libreto: ya se reconoce, al menos, que las concesiones no son siempre buenas y que pueden ser malas: claro, en Castillogrande.
Lo que no se dice es que el acoso de los vendedores es un problema únicamente en las playas de Bocagrande. Y allí debe resolverse, mediante el ejercicio de la autoridad de la señora alcaldesa. Recorro todos los domingos las playas desde Crespo al Cabrero, y con frecuencia voy a la Boquilla, y nunca he visto a la gente acosada por los vendedores allí. ¡Nunca! Hay vendedores muy respetuosos que transitan con sus productos y se los ofrecen a los bañistas o esperan que estos vengan a comprárselos.
Pero, claro, las concesiones de las playas pueden convertirse en un gran negocio y en una pesadilla, esa sí de peores consecuencias para los ciudadanos: porque una vez concedidas, ¿quién controlará al concesionario?
Ahora bien, si la tesis de algunos amigos es que no deberían otorgarse concesiones en barrios residenciales, llamo la atención a que incluso Bocagrande lo es. Yo, por mi parte, sigo creyendo que basta con el ejercicio de una sana autoridad, en dicho barrio, para que las playas funcionen adecuadamente, y sigan siendo un bien democrático de los cartageneros, como lo han sido durante siglos, hasta hoy.

Tomado de: http://www.eluniversal.com.co/v2/columna/la-concesion-de-castillogrande

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